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Actividades
Todo comienza en el km. 115 de la carretera de Burgos, encuentro con nuestros mejores amigos, amigos que difícilmente te puedes encontrar hoy en día, me dicen que estoy nerviosa, pero no son nervios, es mi inquietud por el rencuentro con la gente, por ese viaje que el año pasado no pude hacer, por todo lo que iba a vivir que me sonaba impresionante.
El viaje a nuestro destino fue tranquilo…”nada te turbe, nada te espante, a quién Dios tiene nada le falta….”. Dios iba en cada uno de nuestros coches porque, os acordáis, que cada uno de nosotros está en el Corazón de Dios. Llegamos puntuales, besos y abrazos y una comida para parar un tren, de la tierra.
Nos esperaba una tarde movida, pero resultó ser movida para la vista, camino del Monasterio de Yuso, se comienza a ver unos colores en la naturaleza poco normales,: rojos, naranjas, ocres, montañas todavía no muy altas, pero en el valle ahí esta Yuso impresionante, rodeado de montañas.
Comienza la visita, nos encontramos con una guía un tanto especial, nos explica todo con detalle, a los niños los implica desde el principio, boquitas abiertas ante sus explicaciones.
Lo más destacado en el Monasterio de Yuso la Sacristía, presidida por la Virgen Ntra. Sra. De los Ángeles, el techo de 600 años que se conserva intacto, un cuadro de estilo flamenco que si lo miras desde un lado y lo miras de otro te sigue con la mirada, pintado sobre cobre, de autor desconocido.
En una sala los restos de San Millan, en un relicario con 16 láminas con dibujos donde se plasma su vida. La guía nos insinúa que tenemos la oportunidad de pedirle algo a San Millán ya que estamos frente a sus restos.
A mí particularmente esto me dejó impasible, pero por la tarde-noche Andrés, mi amigo, me comentó que para él fue algo muy importante y que si que hizo una pequeña oración, para él fue muy importante el hecho de estar delante de los restos de un Santo.
De Yuso al Monasterio de Valvanera, aquí comienza el espectáculo de la naturaleza, grandes montañas, parecen un puzzle por la cantidad de colores,. Rojos, naranjas, ocres, verdes, amarillos…en el cielo nubes y claros por donde se asomaba el sol y juega con nosotros al “cucu tras”, que inmensidad, cada curva tenía su encanto, pero la más impresionante fue en la que aparece el Monasterio de Valvanera, ahí estaba, parecía un cuadro, metido en la montaña.
Fotos y más fotos, los niños juegan felices, al pie del Monasterio, se respira Paz, mucha Paz. La temperatura ha bajado un poco, porque el sol se oculta, pero no hace frío.
Después de una pequeña reunión, la cena. Cena sencilla, cálida y después cada uno a dormir, estamos cansados, pero satisfechos del día. Unos se quedan en el Monasterio y otros bajamos al Albergue, es noche cerrada y lógicamente no podemos disfrutar del paisaje.
Amanece y bajamos a desayunar, desayuno abundante y delicioso, unos han pasado la noche mejor que otros, salimos y seguimos viendo el mismo paisaje que la tarde anterior, sin palabras.
Los siguiente es ir a Silos para escuchar la Misa Gregoriana, por circunstancias algunos no llegamos a tiempo, tuvimos nuestra propia Eucaristía, la Eucaristía del Amor, de la entrega, del cariño, ¿no hay cosa más bonita que esta? pero como Dios seguía con nosotros, (nada te turbe, nada te espante….) lo sentía, porque Dios nos quiere, vuelvo a decir estamos en su corazón, quiso que si viviéramos una de las partes más importantes de esa Misa Gregoriana: el Ofertorio, La Consagración…cantaban como ángeles, se respiraba paz al entrar…”Si Señor quiero seguirte, a pies juntillas, porque te quiero….” Y rompí a llorar.
La comida fue estupenda, conocimos al abuelo de Almudena un poquito mejor, ojala Dios nos conserve así y podamos llegar a su edad en esas condiciones.
Por la tarde dimos un paseo por Silos, Mª Carmen y Juanjo estuvieron recordando sus campamentos cuando eran jóvenes, resultó muy bonito pues se les veía emocionados. Y en seguida comenzó la visita al Monasterio. Siguiendo con la tónica del Fin de Semana Dios pone en nuestro camino a Mariano, nos enseña su casa con gran detalle e ilusión, ese
Claustro detalle a detalle, columna a columna, esquina a esquina: la Representación de Jesús en el Sepulcro, el detalle de la cara de Jesús llena de paz, todo labrado en la piedra, el encuentro con los Discípulos de Emaus….y así paso a paso.
A continuación pasamos a las dependencias donde nadie pasa, la capilla donde se encuentran los restos de Santo Domingo, el coro donde cantaban antaño y la biblioteca, presidida por un gran Cristo. Pero un sitio muy especial para mi fue la Celda donde vivió y murió Santo Domingo, un lugar que nada más entrar me inspiró Paz, tranquilidad, sosiego, recogimiento. Fuera un olor al Ciprés que preside el claustro y como bien decía Mariano: …”es que estos olores no se dan en Madrid”. Y se dio por terminada la visita, una demostración del órgano que preside la Iglesia, nos despedimos de Mariano y se coloca la cadena como fin del viaje, pero sólo de este viaje, el resto del viaje de nuestra vida no ha hecho más que comenzar.