Asociación
Mi peregrinación a Jerusalén.
Amigos: hace unos días volvimos de Jerusalén de vivir una peregrinación que vosotros hicisteis posible, y quiero brevemente, haceros participes de lo que ella ha supuesto para mí.
Ha sido una gracia fantástica. He sentido la presencia de Jesús en cada rincón, en cada montaña, en el lago, en el sepulcro… en todas partes.
El estaba allí esperándome, mirándome, llamándome …”Ven sígueme”. Al lado del lago, todas las mañanas, El estaba allí.
Cuando subimos al monte Tabor (¡en taxi!), pensé en El, subiendo la enorme cuesta con sus discípulos… ¡Cuánto anduvo!
Y todo pensando siempre en mí y en cada uno de nosotros. Me emociono el monte de la transfiguración de modo especial porque yo nací ese día… y tengo que transfigurarme para ser como El quiere que sea.
También me impresiono la mazmorra donde estuvo del jueves al viernes santo, en que lo sacaron para matarlo.
Era horrible, con unos agujeros en el techo donde los ataban por los brazos y los colgaban para azotarlos…
Y el agujero por donde lo descolgaron. ¡Que horror!
Y cuando celebramos la Eucaristía en el Cenáculo pensé en el cuerpo que tendría sabiendo lo que le esperaba. Y El dándose a nosotros. Quedándose, realmente, con su cuerpo y sangre en le Eucaristía… ¡no lo entiendo!
En el Santo Sepulcro y en el Calvario, sentí su presencia. El estaba allí y me animaba a seguirle. Aun con dificultades, me quiere, me necesita, me espera. Y le dije que no me dejara nunca, que fuese consciente de que El siempre me tiene en la palma de su mano y que solo cuando vivo para El, soy realmente feliz.
Os tuve a todos presentes. Con vuestros nombres, vuestras necesidades, ilusiones... Y le pedí para que fueseis sus testigos, para que sintieseis la urgencia de vivir su Reino, de ser sus discípulos queridos, por quien El dio su vida.
Ha sido una experiencia inolvidable que vosotros habéis propiciado. Gracias, muchas gracias. Os aseguro que no se ha perdido vuestro deseo de hacernos un gran regalo. Lo hemos aprovechado y no lo olvidaremos nunca. Un gran abrazo. Mary